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¿Qué es y qué usos tiene el Internet de las Cosas?

¿Qué es y qué usos tiene el Internet de las Cosas?

No había comenzado el siglo XXI cuando un innovador concepto surgió como consecuencia de controlar remotamente un objeto mediante la conexión a internet. Como muchas ideas, irrumpen antes sus aplicaciones prácticas que su definición teórica, y si se refieren a la tecnología, se idean antes de que puedan ser plenamente desarrolladas. Aunque la concepción surgió en el MIT (Instituto de tecnología de Massachusetts), el Internet de las Cosas (IoT según sus siglas anglosajonas) es un término acuñado por primera vez en 2009 por el británico Kevin Ashton. Diez años antes había comenzado a desarrollarse, cuando la empresa surcoreana LG diseñó un frigorífico con conexión a internet. Sin embargo, el verdadero origen del concepto se atribuye a Jhon Romkey y Simon Hacket, que inventaron el primer objeto conectado a la red, una tostadora inteligente que podía controlarse desde cualquier ordenador para poder encenderla o apagarla.

La definición del Internet de las Cosas haría referencia a una red de redes, con una inmensa potencia, que interconecta objetos físicos mediante el uso de internet, y así obtiene aplicaciones prácticas que facilitan la vida de las personas. Objetos que antiguamente se conectaban mediante un circuito cerrado, pasan a poder comunicarse de manera global gracias a la red. La pregunta que surge es: si ha pasado tanto tiempo desde que comenzaron las investigaciones sobre su uso, ¿por qué no hemos sido conscientes de su potencial hasta ahora?

Y, como siempre, la respuesta se relaciona directamente con la mente humana. Hemos imaginado sus posibilidades antes de disponer de la tecnología necesaria. Es ahora cuando estamos empezando a poder idear aplicaciones que somos capaces de llevar a cabo. Las limitaciones del pasado están desapareciendo, y están surgiendo nuevos impulsores. Probablemente, el más importante y popular haya sido el rápido desarrollo de los teléfonos inteligentes con conexión Internet. La concepción de tener  la conectividad "siempre activa" nos ha permitido abarcar el concepto, aunque, como veremos a continuación, sus usos potenciales son inabarcables.

Al ser el frigorífico uno de los primeros objetos en los que se testó el potencial del Internet de las Cosas, es uno de los ejemplos más recurrentes a la hora de explicar las posibilidades de uso. Pero un electrodoméstico que te avisa cuando se han acabado los alimentos o cuando están caducados no es ni mucho menos la plenitud de sus aplicaciones. Un tenedor que nos aporta datos de la velocidad a la que comemos para mejorar nuestra forma de comer, un inodoro que analiza nuestra orina para recomendarnos la dieta más adecuada, un cepillo de dientes que avisa de posibles caries y pide consulta al dentista automáticamente o una lámpara que se enciende ante la falta de luz, son solo algunos de los ejemplos que se pueden lograr al aprovechar su desarrollo. Pero esto no sería nada comparable con las Smart Cities, donde la combinación de dispositivos, sensores, redes de comunicación, capacidad de almacenamiento y de gestión de datos, harán posible unas ciudades en las que los servicios se prestan de una forma más eficiente y sostenible, mejorando la vida de los ciudadanos mediante el uso de la tecnología.

El Internet de las Cosas es un término de moda, pero aún no hemos comenzado a aprovechar un gran porcentaje de su potencial, por lo que se prevé que su incidencia sea progresivamente mayor en los próximos años. En el año 2020 se estima que habrá más de 50.000 millones de dispositivos conectados a internet en todo el mundo, utilizar la interconexión entre todos ellos para mejorar nuestra vida es el gran objetivo de este concepto.

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